La prevención también ocurre antes de la crisis

Hablar de prevención del suicidio no se trata solo de aprender a reconocer las señales de una crisis. También significa preguntarnos qué tipo de relaciones estamos construyendo antes de que ocurra.

Closeup shot of two unrecognizable people holding hands in comfort

Hay algo que puede resultar incómodo cuando hablamos de suicidio y es que nunca sabemos completamente lo que está viviendo otra persona. Podemos conocer muy bien a alguien y aun así desconocer una parte importante de lo que ocurre dentro de ella.

Hay personas que sufren muchísimo y aún así, parece que no pasara nada, porque van a trabajar, contestan mensajes, hacen chistes, cuidan a sus hijos y cumplen con sus responsabilidades. Incluso, se interesan por ti, te preguntan cómo estás y te ayudan en todo lo que pueden.

Quizás por eso una de las ideas más importantes cuando hablamos de prevención es esta:

no podemos esperar una señal evidente para acercarnos.

Esto no significa que debamos convertirnos en detectives de las personas que queremos, buscando síntomas escondidos detrás de cada silencio o cada cambio de humor. Más bien, nos invita a un enfoque sencillo pero, tal vez, más difícil, que es recordar que la vida interior de los demás siempre tiene una parte que no vemos.

El sufrimiento también puede ser silencioso

Lo normal es que pensemos que una persona que está atravesando una crisis dará señales o nos dirá algo, pero el sufrimiento no siempre es reconocible y muchas veces nos cuesta contarle a otros las dificultades que tenemos.

Por ejemplo, alguien puede sentirse profundamente desesperanzado y, al mismo tiempo, cumplir con todas sus responsabilidades.

Puede sentirse solo(a) mientras está rodeado de personas.

Estar agotado(a) de sostenerlo todo y no saber cómo pedir ayuda.

O, incluso, pensar que si le cuenta a alguien es cargar negativamente a sus seres queridos.

La Organización Mundial de la Salud señala que el estigma y la falta de apoyo pueden hacer que muchas personas que tienen pensamientos suicidas no busquen ayuda. También reconoce que la prevención requiere acciones no solamente clínicas, sino comunitarias y desde distintos sectores de la sociedad.

Por eso, si esperamos a que alguien nos diga claramente “necesito ayuda”, tal vez nunca podremos hacer algo. Entonces la pregunta aquí es ¿Cómo hacemos para acercarnos antes?

Prevenir también es preguntar

Hay conversaciones que tenemos que aprender a tener sin esperar a que algo vaya mal. Simplemente porque la otra persona nos importa.

La prevención empieza mucho antes de una crisis, en cosas tan poco extraordinarias como escribirle a alguien con quien hace tiempo no hablamos, preguntar cómo está una persona que últimamente parece diferente o quedarnos un poco más cuando alguien responde «bien».

Sí, a veces “bien” significa bien, pero muchas otras significa «no sé cómo estoy», «no sé cómo explicar lo que me pasa», «no te quiero preocupar con lo mío», «no quiero ser una carga», «me están pasando tantas cosas que no sé por dónde empezar».

Pero ojo, tampoco necesitamos convertir cada conversación en una intervención psicológica. Simplemente es darnos cuenta de que, cómo puede haber más de lo que parece en la superficie, necesitamos empezar por chequear la disposición que tenemos para escuchar más allá del «bien».

¿Cuándo fue la última vez que hice una pregunta y realmente tuve disposición para escuchar una respuesta diferente de la que esperaba?

Nos hemos acostumbrado a conversaciones muy rápidas:

—¿Cómo estás?
—Bien, ¿y tú?
—Bien.

Y seguimos.

No está mal, porque la mayoría de nuestras interacciones cotidianas funcionan así, pero algunas veces podríamos quedarnos un poco más:

—¿De verdad cómo estás?

Y esperar a que la persona busque la respuesta en su interior.

—Te noto diferente, ¿quieres hablar?

Y si no es el momento, preguntarle si tal vez más tarde u otro día.

—Hace rato no sé de ti. ¿Cómo has estado?

Dándole a entender que tenemos todo el tiempo del mundo para que nos cuente lo que nos quiera contar.

—Si no estás bien, puedes contármelo.

Y asegurarle que si no lo podemos ayudar, buscaremos juntos quién sí.

Estas no son frases o preguntas mágicas. Tampoco garantizan que la otra persona vaya a abrirse. Pero pueden mostrarle al otro que existe un lugar en donde podría hacerlo.

Prevenir no es saber qué decir, sino hacerle sentir al otro que en el mundo hay un lugar seguro para él o ella.

Sí podemos preguntar directamente

Existe un temor muy difundido y es que pensamos que preguntarle a alguien si está pensando en suicidarse podría introducirle esa idea.

La evidencia no respalda ese temor. Preguntar directamente por pensamientos suicidas no aumenta esos pensamientos ni las conductas suicidas; de hecho, puede ayudar a identificar a una persona que está en riesgo.

Eso no significa que tengamos que preguntárselo a todo el mundo, pero si alguien expresa desesperanza profunda, habla de querer morirse, sentirse una carga, no encontrar salida, o presenta cambios preocupantes que nos hacen pensar que puede estar en riesgo, podemos preguntar de manera directa y cuidadosa.

Por ejemplo: “Quiero preguntarte algo directamente, pero es porque te quiero mucho y me importas. ¿Has pensado en suicidarte?”

Puede ser una pregunta difícil, pero justamente por eso es una pregunta importante.

Si la respuesta es sí, no necesitamos tener la solución. Podemos escuchar sin juzgar. Tomar lo que dice en serio. Preguntar si existe un peligro inmediato. Ayudarle a contactar a una persona de confianza o a un profesional. Y, si existe un riesgo inmediato, buscar atención urgente.

Lo importante es no intentar resolver solos una situación que requiere una red de apoyo y un acompañamiento profesional. Las recomendaciones de prevención incluyen preguntar, estar presentes, ayudar a conectar con apoyo y mantener el acompañamiento.

La prevención empieza muchísimo antes

Prevenir el suicidio no consiste únicamente en aprender a reconocer quién está al borde del abismo, sino en construir relaciones en las que el otro se sienta con la confianza y la seguridad para compartirte sus experiencias mucho antes de llegar allí.

Y eso implica preguntar, escuchar, retomar una conversación importante, no minimizar, hablar de cosas difíciles sin huir o sin tener que solucionarlas y, sobre todo, en saber pedir ayuda cuándo tampoco sabemos qué hacer.

Como nunca entenderemos por completo lo que alguien está viviendo, una de las formas más sencillas de prevención es construir vínculos donde no sea necesario sufrir en silencio.

Líneas de atención en el país

En Colombia, hay líneas de atención gratuitas para quienes necesitan apoyo en momentos difíciles o están buscando ayuda para superar pensamientos suicidas:

  • Bogotá:
    Línea Psicoactiva Distrital:
    Línea telefónica gratuita: 018000 112 439.
    Línea de WhatsApp: 301 2761197.
    Skype: @linea.psicoactiva
    Buzón psicoactivo: linea.psicoactiva@gmail.com.

    LÍNEA 106 “El poder de ser escuchado”.

    Chat por WhatsApp: 3007548933.

También puedes comunicarte marcando gratis desde cualquier celular o telefono fijo el número 106.

• Barranquilla:
Línea de la Vida: 3399999 – 3153002003.
Línea ALBA 195.

• Medellín:
Línea Amiga: 4444448.

• Cali:
La línea 106 del Departamento.

• Nariño: Recepción de llamadas y mensaje a WhatsApp a través del número 3178054329.

Puedes consultar el listado completo de las líneas para atención por ciudades Aquí.

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